Hace casi dos años, Yaguara corría entre el humo y las llamas que arrasaban parte de la Chiquitania boliviana. Era apenas una cría de jaguar, estaba separada de su madre y difícilmente habría sobrevivido sola en medio de una de las peores crisis ambientales que ha enfrentado Bolivia. Hoy, después de un largo proceso de rescate, rehabilitación y preparación, volvió a internarse en la selva.
La liberación de Yaguara en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado marca un momento muy especial para la conservación de la fauna silvestre en el país. Esto es una experiencia que abre camino para futuros procesos de recuperación de grandes felinos afectados por incendios, tráfico ilegal, pérdida de territorio u otros daños provocados por la actividad humana.

La historia comenzó en agosto de 2024, cuando la jaguar fue encontrada en una estancia ganadera del municipio de Ascensión de Guarayos, en el departamento de Santa Cruz. Había escapado del fuego junto a otra cría, presuntamente su hermano, pero ambos terminaron separados. Yaguara llegó exhausta, sin su madre y sin las habilidades necesarias para valerse por sí misma en libertad.
Tras su rescate, fue trasladada al santuario Ambue Ari, administrado por la Comunidad Inti Wara Yassi, una organización boliviana dedicada al rescate, rehabilitación y cuidado de vida silvestre. Allí comenzó un proceso que no buscaba domesticarla sino conservar su conducta silvestre para que algún día pudiera volver al bosque.
Durante más de un año, Yaguara permaneció bajo estrictas condiciones de aislamiento humano en un recinto de 10.000 metros cuadrados diseñado para reproducir su entorno natural. El objetivo era que desarrollara las capacidades que normalmente habría aprendido junto a su madre: cazar, nadar, trepar, marcar territorio y reconocer señales propias de otros jaguares. El seguimiento se realizó mediante cámaras trampa, monitoreo remoto y sistemas alimentados con energía solar. Según el equipo que acompañó su rehabilitación, una de las claves fue que Yaguara nunca perdió su carácter silvestre.

Ahora, la jaguar porta un collar satelital que permitirá conocer sus desplazamientos, adaptación y estado de bienestar en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado. Este sistema de seguimiento es considerado una experiencia pionera en Bolivia para un jaguar rehabilitado y liberado, y aportará información valiosa para mejorar futuros programas de conservación.
Su liberación fue resultado de casi dos años de trabajo coordinado entre el Servicio Nacional de Áreas Protegidas, la Comunidad Inti Wara Yassi, la Fundación Amigos de la Naturaleza, la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas, la Gobernación de Santa Cruz y otras instituciones nacionales e internacionales vinculadas a la protección de la biodiversidad.
La importancia de preservar esta especie en el país
De acuerdo con datos del Fondo Mundial para la Naturaleza, el fuego afectó cerca del 70% de las 9.652 hectáreas del Plan General de Manejo Forestal de Palmarito de la Frontera, un área importante para el felino silvestre. Antes del desastre se habían identificado nueve jaguares mediante monitoreo; después, solo uno de esos ejemplares volvió a ser detectado, junto con otros cuatro individuos que no habían sido registrados previamente.
Los estudios también reflejaron una caída considerable en la presencia de la especie. La densidad poblacional pasó de 3,51 a 0,89 jaguares por cada 100 kilómetros cuadrados, mientras que la probabilidad de ocupación del hábitat descendió de 0,56 a 0,18. Detrás de esas cifras hay una advertencia clara: la recuperación de los ecosistemas será lenta y necesitará vigilancia constante.



