La Verde, bajo la conducción de Óscar Villegas, encara este repechaje con la moral a tope tras haber dejado en el camino a potencias como Brasil y superar con carácter a Surinam en la fase previa
La Selección Boliviana se prepara para disputar en Monterrey el partido más trascendental de las últimas tres décadas. Una victoria ante Irak aseguraría el regreso de la Verde a la Copa del Mundo, una hazaña que el país no celebra desde la histórica clasificación a Estados Unidos 1994.
El conjunto dirigido por Óscar Villegas llega a esta instancia con un envión anímico envidiable. Tras una campaña sólida —que incluyó un triunfo histórico sobre Brasil—, Bolivia selló su pase a esta final tras remontar con jerarquía un 2-1 frente a Surinam en las semifinales del repechaje.
La artillería nacional estará comandada por Miguel Terceros, quien llega encendido con una racha de ocho goles en sus últimos doce encuentros. Junto al desequilibrio de Moisés Paniagua, Terceros buscará romper el orden defensivo de una selección iraquí que, pese a una baja importante en su zaga, destaca por su solidez táctica.
En el esquema de Villegas, la única incógnita es el lateral Diego Medina, aquejado por una molestia física sufrida en las últimas prácticas. Si no se recupera a tiempo, Lucas Macazaga surge como la alternativa natural para cubrir la banda derecha.
Irak, que no asiste a una cita mundialista desde México 1986, llega motivado tras superar complicaciones logísticas en su traslado a territorio azteca. Se espera un duelo cerrado y de alta intensidad en el Estadio BBVA, donde solo uno escribirá su nombre en el Mundial 2026.




