«A diferencia de otros virus, la fiebre amarilla no se transmite por contacto directo entre personas; su propagación depende estrictamente de la presencia de mosquitos infectados, lo que convierte al control de vectores y la vacunación en las únicas barreras efectivas
La fiebre amarilla es una enfermedad viral aguda y hemorrágica causada por un flavivirus, de alto impacto y alta amenaza, con riesgo de propagación internacional, representando una posible amenaza para la seguridad sanitaria global.
Recibe su nombre debido a la ictericia (coloración amarillenta en piel y ojos) que presentan los pacientes en fases críticas. Aunque es prevenible mediante la vacunación, sigue siendo endémica en regiones tropicales de África y América del Sur.
Grandes epidemias de fiebre amarilla ocurren cuando personas infectadas introducen el virus en áreas densamente pobladas con alta densidad de mosquitos y donde la mayoría de las personas tienen poca o ninguna inmunidad, debido a la falta de vacunación. En estas condiciones, los mosquitos infectados transmiten el virus de persona a persona.
Mecanismos de Transmisión
El contagio ocurre exclusivamente a través de la picadura de mosquitos infectados; no existe la transmisión de persona a persona mediante contacto físico, aire o fluidos. El ciclo del virus se divide en tres escenarios principales:
Ciclo Selvático: Los mosquitos de los géneros Haemagogus o Sabethes transmiten el virus entre primates. El humano se contagia accidentalmente al ingresar a zonas boscosas o selváticas.
Ciclo Intermedio: Propio de zonas rurales o de transición, donde mosquitos semidomésticos infectan tanto a monos como a personas, actuando como un puente epidemiológico.
Ciclo Urbano: Ocurre en entornos poblados cuando el mosquito Aedes Aegypti (el mismo vector del dengue) pica a una persona infectada y propaga el virus en la comunidad.



